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El Estudiante Santiago Mitre Critical Thinking

CINE > SANTIAGO MITRE HABLA DE EL ESTUDIANTE, SU PELICULA SOBRE LA MILITANCIA UNIVERSITARIA

Filmada en la Facultad de Sociales, en manifestaciones, asambleas y tomas reales, con un presupuesto bajo y el espíritu vital del viejo Nuevo Cine Argentino, El estudiante es una película de ficción que se sumerge de lleno en el mundo de la militancia universitaria, las roscas, las miserias y las traiciones que toman por asalto las ilusiones políticas. Guionista de Leonera y Carancho para Pablo Trapero y codirector de El amor (primera parte), Santiago Mitre debuta solo detrás de cámara con una de las ficciones más estimulantes de los últimos años.

La película se llama El estudiante pero a su protagonista no lo vemos estudiar nunca. Apenas por ahí abrir un cuaderno y apuntar o leer algo en un bar, meterse en alguna clase –invariablemente tarde–, recorrer mucho los pasillos de la facultad y fingir interés en una bibliografía complementaria que jamás va a leer, y esto último sólo con el objetivo de levantarse a la docente. Así es Roque Espinosa, el protagonista de la ópera prima de Santiago Mitre –debut “en solitario” al menos, ya que siete años atrás estrenó la comedia El amor (primera parte), firmada con otros tres realizadores–. Roque acaba de llegar del interior para intentar, por tercera vez, seguir una carrera en la UBA, pero su combustible son menos las inquietudes académicas que la pura calentura. Esa materia, la de conseguir chicas de la facultad, la aprueba rápido: tratándose de un personaje eminentemente pragmático y expeditivo, que resuelve las cosas sin darles nunca demasiadas vueltas, no extraña que pronto Roque (Esteban Lamothe, parco y simpático a la vez), ascienda rápidamente, apenas iniciado en la vida política universitaria, en uno de los infinitos partidos que pugnan por el control del centro de estudiantes y el gobierno académico, incorporando y manejando a la perfección en nada de tiempo los códigos de ese universo y su sistema de roscas, lealtades y traiciones.

Lo primero que sugiere El estudiante sin declamarlo jamás –más allá de una que otra cita a episodios de la historia argentina– es que en el acotado espacio de la política universitaria se proyecta a otra escala el de la política nacional. Lo cual vuelve más significativo todavía que el punto de vista único de la película sea el de Roque, quien llega a la militancia académica de manera casi aleatoria, siguiéndole los pasos a la profesora adjunta que le gusta, una comprometida militante del ficticio partido Brecha. A su vez, la virtud más evidente de la película es su capacidad para meternos de cabeza en ese mundo con las armas del cine: una voz en off nos explica quién es Roque y su deriva porteña, pero es la puesta visual la que permite que el escenario principal sea ese espacio perfectamente reconocible y claustrofóbico que son los pasillos de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, con todo su caótico cartelerío (ahí se superponen y contaminan los afiches de la Walsh, el MATE, Vertiente, Contrahegemonía, La Juntada, el MST y tantas otras), sus graffitis, su aspecto descentrado y destartalado y toda su mugre; el asco de muchos y también la fascinación y el entusiasmo de otros tantos que los recorren por años en esa etapa transitiva que va del fin del colegio secundario a la adultez de las responsabilidades verdaderas. El estudiante está también armada de una precisión y credibilidad de los diálogos demasiado inusual; de una capacidad para reproducir la jerga, las consignas del discurso político académico (a menudo tan altisonantes y vacuas como las de la política extraclaustros), las expresiones compartidas y los lugares comunes. “Hay que profundizar el tema de los afiches”, dice por ahí un militante de Brecha –esa agrupación del “discursito socialdemócrata pedorro”, define un personaje al principio–; “La política es así”, se repiten unos a otros a modo de pretexto al paso para las peores traiciones y aberraciones. En este contexto de palabrerío y proclama a la ligera, Roque es un hombre de acción, un tipo con una “capacidad para ir siempre para adelante y cierta voracidad”, lo define Mitre: “El chabón llega a la ciudad, ve una mina y se la quiere coger; después ve a una profesora que le gusta y se mete en su clase y la persigue para levantársela. Por ahí no reflexiona mucho sobre las cosas que hace, pero tiene la capacidad de hacer; y eso es lo que detecta Acevedo (Ricardo Félix), este profesor y militante veterano que lo toma como pichón de operador político. Y mientras que el resto de los militantes siguen tirando las ideas habituales, el lugar común, Roque está viendo otra cosa”. La película despliega esta resolución natural de su protagonista en escenas clave en las que lo vemos saldar el entuerto generado por la metida de mano de un compañero en la caja de la fotocopiadora de la facultad; o negociar el espacio para la realización de un plenario charlando casi de igual a igual con un intendente de pueblo; o cuando escucha de un funcionario público los términos del apoyo que habrán de prestarle en las próximas elecciones del Rectorado. Una puesta en escena que va casi a contramano de mucho cine argentino contemporáneo que elige la abstracción, la vaguedad, y el tiempo muerto sobre la contundencia de las acciones.

PERDIDOS EN LA CIUDAD

Mitre declara haber sido –un poco como Roque– algo ajeno al mundo que decidió filmar: “Pero si bien no estudié en la UBA ni milité nunca formalmente, vengo de una familia con mucha participación política: mi bisabuelo fue ministro de Agricultura de Yrigoyen y diputado; mi abuelo fue funcionario y embajador en el primer gobierno de Perón; mis viejos militaron en los ’70 y después pertenecieron al Frente Grande y Frepaso, con lo cual yo tengo una imagen grabada desde mi infancia, de ir a las unidades básicas, de que en las cenas familiares sólo se hablaba de política, y de esos asados como el que se ve en la película en los que hay un personaje que estaba en boca de todos y parecía ser central al mundo político pero al que nunca veías”. Esta capacidad para mostrarnos y meternos en detalle en un mundo específico es algo que El estudiante comparte con las dos películas que Mitre escribió para Pablo Trapero. Si bien en principio escribió un guión puramente ficcional que fue revisando con la colaboración de Mariano Llinás –coautor de la idea original y, a través de El Pampero Cine, productor asociado–, también realizó una larga investigación periodística. “Yo me acostumbré a laburar así siendo guionista de Leonera y de Carancho; si teníamos que escribir de la cárcel de mujeres, íbamos a la cárcel, teníamos entrevistas largas, veíamos el lugar, y si teníamos que escribir sobre un hospital del conurbano bonaerense, íbamos, mirábamos, charlábamos con pacientes y médicos. Acá yo ya conocía un poco más el tema, pero también investigué y filmé muchas asambleas y actos, tomé fotos, había una cámara urgente que iba agarrando estas cosas del habla, y entrevistas a gente de distintas agrupaciones. Para autorizarme a filmar una asamblea, se presentaba una moción; decían ‘acá hay un compañero que está preparando un documental sobre la militancia estudiantil, ¿lo aprueban?’ Y todos tenían que votar, pero nadie me pidió ver qué era lo que estaba haciendo, es más, parecían estar contentos de que se filmase y mostrase el universo de la militancia, porque hay mucho prejuicio en torno de la militancia estudiantil, que a muchos les parece que es pura agitación, mientras que hay un nivel de discusión política muy interesante, más que en otros ámbitos; es un plano donde se habla de política en estado puro, el 90 por ciento no está en busca de los cargos, y todavía se puede discutir de política por el placer de hacerlo. Valoro eso, y si hay en la película cierta crítica, en el personaje de Acevedo, de la misma manera en que Los traidores de Gleyzer critica al sindicalismo, es a la socialdemocracia que terminó pactando todo el tiempo, solo para tratar de conservar el poder. Brecha son un poco los herederos del alfonsinismo, que como la Franja Morada quedaron boyando y se reciclaron, pero desde el delarruismo prácticamente dejaron de existir.”

Vienen de ganar el premio especial del jurado en el festival de Locarno. ¿Cómo la recibe el público en el exterior? ¿La entienden?

–En Locarno la gente percibió el relato moral, de aprendizaje, como algo universal, pero preguntaban cosas como si la UBA es realmente así, y eso es porque probablemente es un espacio único con esas características; creían que era todo dirección de arte. Durante el festival salió una reseña en la revista IndieWire en la que decían que Roque era una suerte de Annakin Skywalker académico.

La misma reseña lo describe a Mitre como un Aaron Sorkin sudamericano, mientras que la de la revista Variety, escrita por Robert Koehler, se sumó al interés internacional por la película, celebrando su “mirada incisiva” sobre los tejes y manejes de la política universitaria y sólo le critica la escena final –la llama “su peor error dramático”– que ha sido hasta ahora la más polémica. “En esa última escena se dirime la película moralmente”, argumenta Mitre. “Es un duelo retórico entre el viejo político y el joven, al punto que para mí ni siquiera son los personajes los que están hablando sino dos generaciones: los militantes de los ’70 y sus hijos, que creo que es la discusión que está sucediendo actualmente, y que marca que haya crecido enormemente la militancia en la universidad. Es un planteo sobre cómo se milita hoy, no sé muy bien qué buscan los que se acercan en la actualidad a la práctica y la discusión política; si se trata de la lucha por el bien común ni a qué se llama hoy bien común. Uno se siente perdido respecto de estas cosas y creo que la película trata un poco sobre eso.”

LA REALIDAD ENTRA POR LA LENTE DIGITAL

Producida por el propio Mitre, Fernando Brom y Agustina Llambi Campbell con un presupuesto que en términos concretos el director define como ridículo pero al que hay que sumar los apoyos con materiales, por ejemplo, de El Pampero Cine, de Matanza Cine y de la FUC, entre otros coproductores, El estudiante parece ser el resultado casi perfecto de un cruce entre el sistema de producción radicalmente independiente de Mariano Llinás –que tiene como modelo su ambiciosa Historias extraordinarias– y la ultraprofesionalización y competitividad de la compañía de Pablo Trapero. “Entre nuestros productores asociados hay que contar además al elenco y el equipo técnico que aceptó acompañar un proyecto por pura solidaridad, porque lo que les podíamos pagar no está cerca de lo que dicen las listas del sindicato”, explica Mitre. “El estudiante no se podía producir de otro modo: industrialmente no se hacía; no se puede reproducir una movilización, la toma de un rectorado: hubiera sido carísimo por la cantidad de extras que implica. En un momento la presupuestamos según los parámetros de una producción industrial y nos hubiera costado 3 millones y medio de pesos, mientras que a una ópera prima no le dan más de un millón doscientos mil. Así que había que diseñar un sistema que permitiera que la película existiese; mezclar los personajes con el registro de los escenarios reales. Entonces hablamos con la Facultad de Sociales y nos abrieron los espacios concesionados para filmar: fotocopias, bares, etcétera; y nos manejamos en la facultad como si fuera un set, aunque con un equipo muy chiquito, de cinco personas, lo que nos permitía meternos en una clase, filmar de lejos, hacer los paneos de las asambleas, del movimiento de la gente entrando, y al terminar las asambleas filmábamos los planos cerrados de nuestros protagonistas. También filmamos así las manifestaciones en la calle, no tuvimos extras sino el movimiento de la ciudad incorporado en la escena.”

Este sistema le da a la película un registro urgente, vivo, que resucita esa noción tan cara al cine de los ’70 –un cine definitivamente militante, político en su forma aún en las ocasiones en que no lo fuera en su contenido– de que muchas de las grandes puestas de las películas surgen de sus condicionamientos y limitaciones: en el caso de El estudiante todo conspiró para hacer la película más potente, lo más vívida posible en ese universo. “Quise también hacer una película como las de comienzo del nuevo cine argentino. Mi formación fue durante el surgimiento del NCA: Pizza Birra Faso se estrenó cuando yo estaba en el colegio. Era un cine que hacía que las películas existiesen a fuerza de voluntad, que no estaba dependiendo de la lógica estatal de la preclasificación, los créditos, las coproducciones con fondos internacionales. Se salía a filmar a la calle como se pudiera, había una vitalidad en el registro, y yo quería que la película retome ese modo, el de Bolivia, de Mundo Grúa; es una vitalidad que ya no hay. Yo presenté mi guión al concurso del Instituto del Cine y perdí, y entonces empezamos a evaluar la posibilidad de conseguir un crédito, pero era un proceso larguísimo. Al principio me puse triste por perder el concurso del Incaa porque me hubiera gustado hacer la película pagándole a la gente lo que corresponde. Pero lo cierto es que la película que ganó el concurso en el que me presenté todavía no se hizo, y yo no quería tener mi guión en un cajón durante dos años. Creo que al final no ganar fue lo mejor que nos podía pasar.”

El estudiante se estrena el próximo jueves 1º de septiembre. Las funciones serán en dos salas: en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415) los jueves a las 22; y en la Lugones (Av. Corrientes 1530) del jueves 1º al lunes 5 de septiembre a las 14.30, 17, 19.30 y 22 y luego todos los viernes, sábados y domingos del mes a las 22.

The 2015 edition of the Cannes Film Festival just wrapped up last weekend. Amongst the red carpets faux pas (no high heels, no service), fancy gowns, and high profile sales — the Latin American pics premiering at the fest got mostly rave reviews and picked up some of the festival’s most important prizes along the way.

Chilean documentarian Marcia Tambuttitook home the L’Oeil d’Or prize for Best Documentary for Allende mi abuelo Allende; Santiago Mitre’s second film, La patota, earned him the Critics’ Week prize; and the big winner was Colombia’s La tierra y la sombra with four awards including the Caméra d’Or for Best First Film. Also from Colombia, Ciro Guerra’s El abrazo de la serpiente was awarded the Best Film prize at Directors’ Fortnight. For a complete list of prizes won by Latino filmmakers look here.

Check out the trailers for these 2015 Cannes-premiering films below and keep an eye out for them to (hopefully) hit theaters sometime soon.

Plus, we have an added bonus: the trailer for El Ardor starring Gael Garcia Bernal — after a glamorous premiere at Cannes in 2014, it’s set for a July theatrical release.

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Allende mi abuelo Allende

Filmmakers love making documentaries about their families. And who wouldn’t be happy to show the world all the quirks and goofy idiosyncrasies of your gente, plunge into the dark secrets of generations past, or simply turn a camera on your loved ones and let them tell their own stories? But while all of this is no doubt cinematic gold, you’ve got to admit that some families are slightly more extraordinary than others — at least according to the historical record. Like, say, if your grandfather were one of the most important socialist leaders of the 20th century whose mandate was tragically cut short when he killed himself during a CIA-backed military coup.

As the granddaughter of Chilean ex-president Salvador Allende, that’s exactly the situation that first-time director Marcia Tambutti Allende found herself in, and her debut documentary, Allende mi abuelo Allende (Beyond My Grandfather Allende), uses the medium to confront her family’s life-long silence around her abue’s legacy both as a politician and family man. Reminiscent of Natalia Almada’s own essay doc about her despotic great grandfather, El General, Tambutti’s feature seems to stick more to the personal rather than delving into El Chicho’s social and political legacy. 

Formally, Allende is structured around a series of interventions, interviews, and archival materials that Tambutti uses to explore the nature of her family’s prolonged silence, and how it relates to the traumatic loss of their patriarch. Along the way, the director reconstructs a personal history of a man who for many is a little more than an idealistic political icon, or an image of resistance in a country still recovering from decades of brutal dictatorship.

But Allende is not a film about Chile, it is a film about silence, trauma, and family taboos, and a document of one family’s therapeutic process of rediscovery. It just so happens the man in question was one of the most important figures in twentieth century Latin American political history.

Allende mi abuelo Allende premiered as part of Director’s Fortnight, Cannes’ non-competitive parallel showcase.

2

La Patota

With only two features under his belt, it seems Argentine director Santiago Mitre has dedicated his short career to exploring the distance between idealism and reality. In his critically lauded 2011 debut, El Estudiante, he showed us a naive student politician from the University of Buenos Aires quickly going the way of just about every other politician in the world as his accidental vocation descends into a cynical jockeying for power.

Now his latest feature, La Patota (Paulina), which premiered at the Critics’ Week parallel competition at Cannes, provides a sort of thematic sequel as it follows a bourgeois college graduate from the capital who puts off grad school to teach underprivileged youth in the country’s poor northeast provinces. Soon after arrival, our goodhearted heroine is brutally raped by a group of her own students, and La Patota undertakes an often discomfiting exploration of the aftermath of sexual trauma in which the eponymous Paulina shocks her friends and family by ultimately deciding not to press charges.

Visually Mitre continues with the raw, documentary-style aesthetic that gave El Estudiante its distinctive look, letting a well-crafted screenplay and stellar performances drive along the film, while the handheld cinematography creates a understated, yet disquieting atmosphere. In the short trailer we can appreciate how Mitre and Director of Photography Gustavo Biazzi take full advantage of the region’s lush green vegetation and reddish earth, and composer Nicolás Varchausky’s ambient score effectively creates a sense of tension and looming danger. In the end, Mitre seems to give us a stark, unadorned portrait of a difficult and perennially relevant topic.

Any film nerd knows that for years Argentina has been a perennial force on the international film festival circuit, and if we are to judge by the young career of Santiago Mitre, it won’t be going anywhere soon.

3

La tierra y la sombra

While Hollywood has seemingly embarked on an endless love affair with flying superheroes, many festival-oriented international art films have gotten slow. Real slow. And that’s fine. I mean, who doesn’t like to trip out to a chilled-out, ambient track from time to time between dembow binges? Sure, anyone who’s spent some time cruising the festival circuit knows that some of these films seem hell-bent on trying your patience, but there is a certain formula that can make it work: pristine, sensitively framed cinematography, and a lush, evocative audio track. It only makes sense that as traditional devices like plot and character development recede into the background, a film’s sensory experience becomes increasingly central. So it’s gotta be done just right.

In that sense, Colombia’s La tierra y la sombra (Land and Shade) seems to have hit the mark. The film’s paper-thin plot finds an aging farmer returning home to Colombia’s cane-harvesting Caribbean region to care for his ill son–the fields are constantly being burned and the young man has developed an acute lung disease that has made it impossible for him to continue working. Meantime, a secondary plot about labor unrest in the cane fields adds a socio-political dimension to director César Augusto Acevedo’s directorial debut. But, again, all of this is secondary to the film’s patient meditation on faces, landscapes, and the buzzes and chirps that punctuate the thick air of the country’s tropical lowlands.

The trailer gives a good sense of the painterly perfection of La tierra y la sombra‘s cinematography, as well as the authentic, worn faces of the non-professional actors that populate the film’s cast. In all, we’re faced with a soulful slice-of-life from the Colombian countryside driven along by the wistful crooning of Julio Jaramillo’s “Amor se escribe con llanto” and packed to the brim with symbolic imagery evoking themes of death and redemption.

The film premiered last week as part of the Cannes Fest’s Director’s Fortnight, and will doubtless be running a few victory laps through international festivals before general distribution. Keep a look out for this one; just make sure you get in a strong cup of coffee before watching. It’ll be worth it.

https://youtu.be/q7K_FXKdF8U

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El abrazo de la serpiente

Any self-respecting film nerd knows that a movie about the colonization of the Amazon will inevitably find itself held up against Werner Herzog’s 1972 masterpiece Aguirre, the Wrath of God. The German director’s peculiar do or die guerrilla spirit, along with Klaus Kinski’s operatic turn as a megalomaniacal madman in search of a city of gold have made the film an essential point of reference for filmmakers and cinephiles alike (not to mention all the tasty chisme surrounding the production, complete with gunshots and death threats.) But one thing is glaringly absent from Herzog’s parable of European colonization, greed, and the delusional thirst for power: the perspective of the indigenous people who quietly carry the expedition supplies through the rugged jungle terrain, or who menacingly stalk the would-be conquerers from beyond the river’s edge.

So, when critically-acclaimed Colombian director Ciro Guerra was inspired to explore the peculiar culture and history of his country’s sparsely populated Vaupés department, in the Amazon jungle’s northwest fringes, he decided to take Herzog’s legacy head-on. El abrazo de la serpiente (Embrace of the Serpent), which premiered at Cannes’ parallel competition Directors’ Fortnight, follows two scientists and explorers — one American, the other German — as they penetrate deep into the Colombian Amazon, meeting up along the way with a solitary indigenous man who claims to be the last of his tribe.

In a recent interview Guerra admitted that, much like his fellow countrymen, he knew very little about the Amazonian region of Colombia when he set out to make this film, despite the fact that it occupies a huge swath of the national territory. His desire to explore the region’s history in film led him to discover the true story of Richard Evan Schultes and Theodor Koch-Grunburg, the two previously mentioned adventurers, which ultimately laid the foundation for El abrazo de la serpiente.

But unlike Herzog’s Eurocentric vision, the indigenous experience is front and center in Guerra’s feature, a fact we can appreciate in the film’s action-packed black-and-white trailer. Set against the expansive backdrops of the Amazonian lowlands, Guerra captures the natural beauty of the rainforest through impeccable, naturally-lit camera work, as we watch the two explorers immerse themselves into the world of indigenous spirituality. Things come to a head when Spanish monks and rapacious rubber tappers begin to encroach on the native’s way of life, and peaceful coexistence gives way to violence and destruction.

With El abrazo de la serpiente it seems Guerra understands that it’s one thing to show the messianic madness of European conquerers, but an entirely different thing to show the real effects their conquests had on the original inhabitants of the Americas.

5

El Ardor

Gael García Bernal playing an indigenous Amazonian shaman might sound a little far-fetched — and it is — but apparently that wasn’t enough to stop Argentine director Pablo Fendrik from casting him in his South American take on the Western genre (could we call it a Southern?), El Ardor (The Burning), which premiered out of competition at the 2014 Cannes Film Festival and will finally reach U.S. theaters this summer. In the film, GGB plays Kaí, a mysterious jungle-dweller who makes it his mission to rescue a family of tobacco farmers from a group of mercenaries who are hell-bent on taking over their land. Along the way he falls in love with the landowner’s daughter Vania, played by Alicia Braga, and after a few steamy love scenes embarks on a violent quest for justice.

It’s an age old story of justice by the sword (or firearm, rather) and a gunslinging homage to the great Sergio Leone (Once Upon a Time in the West) that was doubtless made with the international box office in mind. The trailer shows off the film’s tasteful cinematography and high production value, complete with Hollywood-style aerial shots and massive conflagrations that suggest an above-average budget by Argentine standards. And as with any good Spaghetti Western, we are treated to a feast of cocked rifles, intense stares, and breathtaking landscapes, along with a few new additions like molotov cocktails and mystical jaguars.  

The Western may be the U.S.’ authentic homegrown genre, but its stories of bloody violence in a land without law point to something so universal to the human condition that you can trade out the stark desert landscapes for dense, green rainforest; the American English for Argentine Spanish, and the vengeance still tastes just as sweet.

El Ardor opens in theaters on July 17, 2015.

cannes film festival, trailer. by Andrew S. Vargas